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“Si mantenés tus costumbres es como que te sentís más cerca”

“Si mantenés tus costumbres es como que te sentís más cerca”
09/01/2018 09:45 |  Con mate y chamamé, Correntinos llevaron el payé por el mundo en la Fragata Libertad

 Visitaron 14 de las ciudades más lindas del planeta, pero con las costumbres del taragüí intactas. Tocando Kilómetro 11 en Alemania y en alta mar o cantando en la casa donde falleció el General San Martín, se las amañaron para sentirse cerca de casa. Varias historias personales con un factor común: recordar a Corrientes hasta que llegue el ansiado momento de volver.

 

Diego Sabao diegosabao22@gmail.com

“Recordando la querencia se aliviana el corazón” cantan Los de Imaguaré, dando una suerte de receta infalible que puede, y seguramente, será usada por cada persona que se encuentre lejos de su tierra. El consejo chamamecero fue tomado por un grupo de doce oficiales y suboficiales de la Armada Argentina que este año recorrieron el mundo durante 196 días a bordo de la mítica Fragata Libertad. Conocieron varias de las ciudades más deslumbrantes del planeta, pero amañándose para sentirse cerca de casa, tomando un mate amargo, escuchando un chamamé y hasta alguna que otra cumbia correntina. “Son lugares hermosos, pero Corrientes es Corrientes”, dice “Juanky”, esbozando una explicación que cree, y en definitiva es y parece, suficiente. Luego de la travesía que terminó en octubre, volvieron para pasar las fiestas en familia y luego retornar a Buenos Aires, donde trabajan habitualmente. Eran más de 300 tripulantes que durante la prueba de máquinas, antes de emprender el viaje por el mundo, hicieron una peña en la cual no faltó el chamamé. Así, Kilómetro 11, entre otros clásicos sonaron en el buque escuela que todavía navegaba por aguas argentinas. Visitaron 14 ciudades, el itinerario empezó en Fortaleza (Brasil) y luego siguió por Veracruz (México), Charleston y Miami (Estados Unidos), Den Helder (Holanda), Wilhelmshaven y Hamburgo (Alemania). Además, atracaron en Malmo (Suecia), Boulogne Sur Mer (Francia), Southampton (Reino Unido), Barcelona y Santa Cruz de Tenerife (España), Río de Janeiro (Brasil) y Montevideo (Uruguay), para finalmente regresar a Argentina. Historias sobran, de esas en las que los correntinos se dieron cuenta de que no se sentían tan lejos, a pesar de tantas millas. “Un día estábamos navegando y llovía fuerte, ‘echamos’ a todos los de la cocina y nos pusimos a hacer chipacuerito y mate cocido”, cuenta con orgullo uno de los tripulantes. “Eso te hace sentir por un ratito que estás de nuevo en tu casa”. Con varios de los tripulantes sabiendo ejecutar instrumentos, la música fue uno de los puntales para sobrellevar el viaje. “En Hamburgo pusimos la gorra y empezamos a tocar en plena calle”, cuenta “Juanky” y recuerda que entre sus piezas preferidas aparecen Kilómetro 11, Caraícho Ledesma y Puerto Tirol. En pleno viaje, en medio del océano, también hicieron sonar acordeón y guitarra, sobre todo en momentos en que la voluntad parece flaquear, como el Día de la Madre. Cuentan que el principal desafío es estar lejos de los seres queridos. “Cuando te vas, no sabés si al volver van a estar todos o qué puede llegar a pasar”, dice Víctor Fernández haciendo sentir su temor. Miedo que conocen bien, ya que desde hace años se encuentran lejos de Corrientes, trabajando en Capital Federal. Allí también buscan refugiarse en los recuerdos y las costumbres para tratar de no extrañar tanto. “Buenos Aires no es tan grande, somos muchos correntinos”, dice Teresa Parodi en “La changa de los domingos” y así parece ser, ya que los nacidos en esta parte del país construyen una relación especial, más cercana. “Cuando estamos juntos empezamos a hablar diferente, decimos algunas palabras en guaraní y los demás a veces nos miran raro”, cuentan, sabiendo que mantener las tradiciones es casi una obligación, además de una necesidad ante tanto desarraigo. Informados Atentos a las noticias del país y la provincia, siguieron como pudieron los hechos que sucedieron acá. “Teníamos que poner el teléfono contra el ojo de buey que es como la ventana del barco, y ahí agarrábamos señal cuando estábamos ya cerca del puerto”, cuentan. Leían noticias de Corrientes y varios futboleros y amantes del deporte en general seguían de cerca la campaña de Mandiyú o Boca Unidos. El periplo tuvo altos y bajos, con experiencias inolvidables, de las buenas y también algunas de las otras, que hicieron, según palabras de los protagonistas, trabar una relación de amistad. “O sos amigo o sos compañero, no podés llevarte mal”, expresa Víctor. En este marco de compañerismo, los correntinos hicieron tributo a la unión entre comprovincianos, con temas en común y sobre todo, gustos y recuerdos. “Compartimos mates, y de paso les enseñamos a compañeros a prepararlo como corresponde”, cuentan entre risas, recordando cuando intentaron en vano hacerles tomar mate dulce, en mate de vidrio o con mucha agua.

Tributo Si bien el viaje fue positivo y conocieron varios países, el momento más intenso desde el punto de vista emocional fue la visita a Boulogne Sur Mer. Allí, pudieron visitar la casa donde vivió sus últimos años y falleció José de San Martín. Argentino, correntino y militar, sobrados motivos para que entrar allí haya sido para los miembros de la Armada una experiencia emocionante, según sus palabras. “No importaba si íbamos a París, pero queríamos estar en esa casa”. Nuevamente emergió allí el chamamé, como una cédula de identidad del correntino y, en este caso, como un homenaje al padre de la patria. “Cantamos una canción y compusimos un recitado”, se enorgullecen. Los suboficiales que dialogaron con El Litoral recordaron que “estar en esa casa es una emoción muy grande, se te viene toda la historia a la cabeza”. Estuvieron allí, con una bandera identificatoria que habían pintado en una sábana. Hoy, en sus respectivos barrios, algunos de ellos en Capital y otros del interior, piensan sólo en disfrutar del momento junto con su familia y seres queridos, buscando en vano retrasar el regreso a Capital. Quieren y les gusta su trabajo, pero les resulta inevitable extrañar cuando están allá. “Hace años que estoy en Buenos Aires y cada vez que me voy de acá, lloro”, reconocen. “Sabés que te vas durante meses y después uno extraña hasta sentarse en la vereda a tomar tereré”. La carrera militar los llevó primero a dejar Corrientes y luego la Argentina. Hoy, en uno de los esporádicos regresos a la patria chica, recuerdan lo vivido con orgullo y hasta cierta nostalgia, aunque con la premisa de tratar de no cambiar. Por eso afirman: “Si mantenés tus costumbres es como que te sentís más cerca”, explican. En algunas semanas volverán a irse, esta vez no cruzarán el océano ni tendrán complicaciones con el idioma, pero aseguran que seguirán gambeteando el café y eligiendo el mate amargo como desayuno, escuchando algún chamamé, comiendo chipacuerito y compartiendo cualquier otra cosa que pueda servirles para sentirse más cerca de casa.

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